Se sonreían los chicos cuando, al pasar por los puestos, les solicitaba el pago de las fotocopias diciéndoles, en tono amable y burlesco:
"¡Sólo cien pesos, por amor al estudio!"
Y esa frase “por amor al estudio”, ya ocupaba un simpático rincón en su mente; pero, era un mensaje subliminal para que el gusto íntimo por aprender ("estudiofilia") fuera la razón más noble para ocupar justificadamente el pupitre de su salón de clase. Siendo así, hasta se apoyaría a los estudiantes en la correcta degustación de las primeras mieles de sus enamoramientos escolares
Sin embargo, es forzoso reconocer que la educación no sólo es formar en un solo amor. La vida en realidad nos plantea amores. La ciencia consiste en asignarles tiempos, momentos y prioridades. No deberían reñir entre sí los amores. Deberían estar de acuerdo. Estar conformes. Vivir en paz. Incluso deberían ayudarse y motivarse mutuamente.
Cuando existían colegios no integrados, sino solamente de mujeres o de hombres, algunos insistían en que así se lograban los mejores resultados. Nada de distracciones. Nada de problemas embarazosos. Todo el tiempo, la energía y el interés para el estudio. Cuando llegó la moda de mezclar chicos y chicas, los promotores de la idea apoyaban el libre desarrollo de la personalidad, la validez de desarrollar el contacto necesario y sano con las personas del sexo opuesto. Ambos grupos estaban en lo cierto.
Pero entonces, siempre se daban ciertos problemas. Uno de ellos era el de las distracciones crónicas ocasionadas por los enamoramientos. De todos es conocido el problema, no de la distracción dispersa de los estudiantes, sino de la atención muy concentrada no precisamente en los temas de la clase, sino en el chico tal o la chica tal. Lógicamente los que salen perjudicados cuando te consagras solamente a un corazón, es el aprendizaje de las lecciones, el cumplimiento de las labores escolares, la aceptación de los horarios e incluso la permanencia en las aulas de clase, ––en una palabra––, sale perjudicado el rendimiento académico (Claro que a veces es la chica quien sale más “perjudicada”: aumenta de peso o se baja de peso, o se debilita mucho. Y tiene que ir a recuperarse en la casa, o a prestarle cuidado a su bebé.)
En la gráfica de al lado, el chico al parecer ha elegido incorrectamente una prioridad. Le brotan corazones de la cabeza, no precisamente por la tarea que le asignaron, sino más bien quiere estudiar de cerca los poros de la chica, o para que el tema sea más completo, su cautivante anatomía. Lógicamente ella con semejante acoso visual, respiratorio, magnético, es incapaz de concentrarse.
Creemos que forma parte de la educación saber apreciar, saber respetar y orientar los sentimientos de amor y amistad de los jóvenes. Sin caer en adicciones como la de recargar de cláusulas restrictivas el pacto de convivencia, como la de “No se permiten las manifestaciones de afecto en el colegio” Se podría incluso estudiar la posibilidad más bien de “legalizar", con la debida supervisión, los amores de los estudiantes en sus colegios. Es preferible que las parejas de chicos que se atraen, se tomen de la mano y se sienten en las gradas delante de todos a darse un beso platónico, en lugar de que busquen escondites para besos más ardientes y tentaciones mayores.
Es bueno saber finalmente que el amor de pareja, si es verdadero, debe conducirnos necesariamente a ser bien responsables y felices en todos los campos de la actividad humana. Y, también es bueno dejar claro, (y esto va para Clarita y para cuantos están por ahí enamorados), que cuando vuelvan a pagar material de estudios, recuerden que deberían venir al colegio, por una razón principal, POR AMOR al estudio; sin privarse, por supuesto, de la amistad, del amor tierno y de otros valores que hacen de la vida un conjunto completo maravilloso.



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